“Palo Santo” de Daniel Casares pone en pie al Maestranza con un "Flamenco Cofrade-Sinfónico”

 

 

Jesús Calderón / Crónicas Música - 8pistas.com | Actualizado 14.04.2017 - 13:53

Teatro de la Maestranza, 03/04/2017

El guitarrista Daniel Casares sorprendió a propios y extraños con un singular espectáculo donde aunaba distintos géneros bajo un mismo concepto.

Que me perdonen los puristas, pero si lo que acabo de bautizar como “flamenco cofrade-sinfónico” no existe; Daniel Casares junto a la Orquesta Sinfónica de Triana y la Banda de Cornetas de las Tres Caídas lo acaban de inventar; y el aforo completo del teatro puede atestiguarlo.

Daniel lleva ya veinticinco años pisando las tablas y llevando su música por medio mundo. Tras seis discos en solitario, colaboraciones para el cine y varios reconocimientos, concibió este concierto donde la protagonista es una guitarra especialmente diseñada y fabricada para la ocasión: “Palo Santo”.

A modo de obertura, las primeras notas de “Génesis” comenzaron a brotar de su guitarra, inundándonos con su sonido. Pronto se vio arropada suavemente por la sección de cuerda y metales de la orquesta. Luego, en un constante crescendo, cuatro cornetas junto a la caja y los palmeros añadieron el marcado sabor andaluz, mientras la música seguía elevándose hasta un explosivo clímax que dejó bien claro lo que nos esperaba en el resto del concierto.

A pesar de algún problema con la microfonía, en “Luz de Vida” terminamos de comprobar como todos los elementos a priori inconexos, casaban a la perfección. La ingente labor de orquestación e instrumentación de Manuel Alejandro González, director de la OST, se dejaba notar en el color y la textura sinfónica que acompañaban a las melodías flamencas de la guitarra de Daniel, ajustándose como un guante.

Con el tema “Amor”, hizo su aparición en el escenario la bailaora “La Lupi”, añadiendo un nuevo elemento al conjunto con el vuelo de su mantón y su bata de cola, traduciendo a baile el rasgueo de la guitarra. El más que conocido corneta “Kini” se unió al dúo completando esta pintura costumbrista en movimiento.

Llegó el turno de la cantaora Rocío Márquez, que con su aterciopelada voz nos regaló un animado tema por tangos con mucho ritmo y color, variando constantemente en tempo e intensidad. Se palpaba que tanto Daniel como sus invitados se divertían enormemente, creando por momentos una auténtica vorágine musical junto a su cuadro, y que arrancó al público una gran ovación.

A continuación, Manuel Peralta demostró su buen hacer cantando una emotiva saeta sin ayuda de micrófonos, y que llegó a emocionar hasta la última fila de butacas.

Otro de los momentos para el recuerdo fue la representación de la crucifixión a través del taconeo de Sergio Aranda, que acompañado de la caja y un acertado juego de luces muy visual, alcanzaron una expresividad fuera de lo común.

La culminación llegó con las dos marchas sinfónicas que firmaba Manuel Alejandro González, “La Pasión” y “Caridad”, donde la Orquesta Sinfónica de Triana se lució de lo lindo junto a la Banda de Cornetas de las Tres Caídas al completo, con un enérgico y épico sonido.

El punto y final lo puso la pieza “Renacer”, donde Daniel hizo cantar a Palo Santo una melancólica melodía, que junto a los acordes perfectamente sincronizados que emanaban de la orquesta, confluyó en un emocionante final que puso al público en pie.

La fusión y la mezcla de estilos nunca será del agrado de todos, pero si está hecho con esmero y buen gusto, debería ser alabado y aplaudido sin ninguna duda. “Palo Santo” supo a comienzo de algo grande, y esperamos que esta colaboración múltiple de tantos profesionales dé más frutos musicales en el futuro. Desde 8Pistas estaremos ojo avizor para no perdérnoslo.

 

Fuente: 8pistas.com

 

Fotos: aurioles.es

           

 

 

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La 'jondura' de Casares en un concierto de impacto

 

 

Crítica de Flamenco / Baldomero Pardo | Actualizado 12.07.2016 - 05:00

'Picassares'. Guitarra: Daniel Casares. Cante: Ismael de la Rosa 'Bolita', Kiko Peña y Manuel Peralta. Baile: Sergio Aranda. Violín: Nelson Doblas. Bajo: Néstor Urquía. Percusión: Miguel 'Nene'. Cantante invitada: Dulce Pontes. Fecha: domingo 10 de julio. Lugar: Gran Teatro. Más de media entrada.

Se trata del sexto trabajo discográfico del guitarrista Daniel Casares, estrenado el otoño pasado para homenajear a Pablo Picasso. Picassares es un retorno a sus principios flamencos, con inclusión de temas auxiliado por insignes como Dulce Pontes, Miguel Poveda y otros. Vino a presentarlo dentro del Festival de la Guitarra el pasado domingo en el Gran Teatro. Un concierto con su sonanta, bien respaldado por un grupo donde no faltaron otros instrumentos musicales de nivel y competentes cantaores y bailaor, además de la mediática invitada portuguesa, que aportó su inconfundible canto, también en honor del pintor malagueño.

Su programa dio el juego que era de esperar, pues este esteponero se crió al socaire del flamenco, sin prescindir nunca de él, aunque no dude declarar que le interesan otras muchas músicas del mundo, y si puede las interpreta, decantándose entre ellas y preferentemente por el jazz. Lo inició con una templada malagueña cortita aunque intensa, continuando por fandangos huelvanos y con una fantasía, así como por alegrías, garrotín, tangos y también a base de bulerías de Jerez. Casares fue largo y locuaz aportando sentimientos jondos y con sus dedos haciendo disfrutar al respetable con múltiples rasgueos y arpegios, depurados picados y con un pulgar de infarto, todo a un vertiginoso ritmo sincopado. Se detectó la cuidada ejecución artística de un celoso observador de rigor que no quedará satisfecho si no logra transmitir. Siempre dejando el sello que le aportan su talento y originalidad, quedando identificado como un virtuoso de poder.

Daniel Casares lo confiesa: "Yo no trabajo para conseguir metas, sólo quiero defender bien lo que hago". Y así, aquí en Córdoba, gustando y gustándose, se deslizó con ambición por su repertorio, en el que tuvo su lugar de relumbre también lo compartido con los músicos más eclécticos y a su vez flamencos que le acompañaban, incluyendo a Dulce Pontes, que puso dulzor y fragor con su voz a los hermosos París y el Adagio de Aranjuez del maestro Rodrigo. Un aporte que se sumó a la decantación musical que hemos disfrutado estos días, ya que todos en sus exposiciones artísticas se han manifestado entusiastas seguidores del genio De Lucía.

La guitarra flamenca viene aportando mucho desde hace ya más de medio siglo, y lo que le queda que aportar, dada la pléyade de virtuosos que hay expandida a nivel global, afortunadamente sin parar de dar fruto imponiendo sus singulares sonidos. Con espectáculos como Picassares nunca dejarán de sorprendernos, como ocurrió con la rumba con la que se despidieron. Y el auditorio (no muy concurrido, por cierto), feliz, valorándolos con merecidas muestras de satisfacción.

Fuente: eldiadecordoba.es

 

           

 

 

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Fraternal armonía de sentimiento y técnica

 

 

Crítica de Flamenco / FRANCISCO DEL CID | Actualizado 12/07/2016

La joven guitarra flamenca no deja de depararnos alegrías y es en el escaparate de nuestro Festival de Guitarra donde mejor podemos constatar esa irresistible ascensión que la ha posicionado como uno de los más importantes medios de transmisión del sentimiento flamenco.

Daniel Casares está considerado como uno de los valores guitarrísticos más firmes de hoy. Este joven malagueño que ya ha cumplido sus bodas de plata con la guitarra, ofreció un completo concierto en el Gran Teatro de Córdoba donde puso de manifiesto que es un músico con corazón flamenco a la hora de transmitir el rico contenido de su mensaje.

Qué duda cabe que sin su soberbia técnica, de la que no apreciamos ninguna fisura que pudiera distorsionar su mensaje, este no habría podido calar en un auditorio entregado por la interpretación de los temas que nos regaló. En todo momento, la fraternal armonía de sentimiento y técnica, diluyó el argumento de que hoy el apabullante recorrido del diapasón viene a obviar con frecuencia la esencialidad que define al flamenco.

Daniel Casares rinde homenaje en este trabajo a su paisano Pablo Picasso, para lo cual interpretó algunos de los toques clásicos como la malagueña con la que abrió su actuación. Un buen comienzo que abrió la puerta a ese incontenible torrente musical del resto de su repertorio ayudado por su conjuntado elenco en el que los fandangos, alegrías, garrotín, tangos, bulerías y rumba estaban animados por la fuerza y la sutileza de su toque, atrapándonos en una envolvente atmósfera de sonidos, creatividad y depurado tecnicismo. La versatilidad de su propuesta quedó fielmente reflejada en el acompañamiento de la cantante portuguesa Dulce Pontes, artista invitada que nos regaló un par de piezas que nos supo a poco. El sentimiento del saudade portugués y el de la guitarra flamenca hermanados como prueba de la universalidad de las músicas de esta geografía tan cercana la una de la otra.

Fuente: diariocordoba.com

 

           

 

 

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